Pensar que hasta hace poco tiempo no me iba sin un "te quiero" tuyo. Recuerdo tus palabras, que tan fuerte me hacían y me ayudaban a seguir adelante. Recuerdo tu mirada... esa mirada penetrante que me miraba y por dentro me hacía zambullir en un juego encantador. Recuerdo tu fresca sonrisa... esa misma que me invitaba a recorrer todo tu cuerpo y dejar de ocultar a aquella persona que, raros días invento, para ser yo misma. Con vos era yo misma.
Recuerdo ese rostro. Tan bello, por cierto. Y esos ojos... verdes, grandes, que me hacían imaginar un espacio libre, donde podía correr y que nadie me podía hacer nada.
Me enredabas con tu juego de palabras, con tus filosóficas palabras. Cada vez que me narrabas una historia, me perdía en la primera frase... pensando en nuestro futuro. Ese futuro que jamás va a poder ser.
Y en este preciso momento, un eco me hace llegar tu voz... esa voz que me hacía estremecer de ternura. Me hacía feliz de tan sólo escucharla y poder sentirte cerca mío. Pero ahí esta el punto... No estabas tan cerca mío. Estabas a cientos de kilómetros. En un lugar muy lejano a mí. Y cada noche, las estrellas te hacían saber que yo estaba triste, nostálgica... por vos. Por no poder besarte, ni tocarte, ni siquiera poder abrazarte. Y una vez más, tu voz y tus palabras... Me hacían calmar, estar en paz. Y nuevamente entraba a tu juego. Ese juego que, por cierto, terminé perdiendo.
Día a día me ibas enredando... confundiendo. Pero, no obstante, mi pasión por vos seguía latente, como el corazón en el cuerpo.
Lo teníamos todo. Hasta que un día, vaya uno saber porque, acabó.
Ahora creo firmemente en esa famosa frase de la canción que dice "todo concluye al fin, todo puede escapar... todo tiene un final, todo termina". Y sí, lo nuestro terminó. Acabó el juego. Mi voz interior, burlona, me dijo "game over"... y caí. Caí en un mar de lágrimas, llorándote todos los días. Pensándote, soñandote, y pensándote nuevamente. No había un día que pasara, que yo no pensara en vos. En vos y en tu sonrisa. En vos y en tu mirada. En vos y en tu rostro. Me auto destruía sola. Y me iba convenciendo que, otra vez, las ilusiones me habían traicionado. Otra vez se burlaron de mí.
Hoy te vuelvo a recordar, como cada día de mi vida... y pensando que, quizás, algún día (que espero que sea muy pronto), mi mente, te deje en paz. Se pueda olvidar de vos, y de lo que alguna vez fuimos. Quizás algún día.